Cuanto más acechaba Verstappen, más errores han cometido sus dos rivales, y más fallos ha tenido su equipo, hasta el punto de que la remontada ya no tiene la etiqueta de imposible.
Cuanto más acechaba Verstappen, más errores han cometido sus dos rivales, y más fallos ha tenido su equipo, hasta el punto de que la remontada ya no tiene la etiqueta de imposible. Si acaso, de increíble. Max ha logrado subir la temperatura de un certamen que parecía sentenciado a favor de McLaren: solo hacía falta inscribir el nombre de uno o de otro. Su presión ha desnudado la realidad de la parrilla de 2025. Norris y Piastri disponen del mejor coche de la temporada, pero Verstappen es el mejor piloto actual, con diferencia. Con los volantes invertidos, el holandés ya habría celebrado seguramente el título hace varios fines de semana.
Por eso actúa como si este final de fiesta realmente no fuera con él: “No estaba planeado que yo estuviera luchando por la corona”. Es el problema de otros. Esa puede ser también su mejor arma, que es la misma que ha utilizado desde últimos de agosto: “No tengo nada que perder”. Esa es la verdad. El tetracampeón no se juega nada. Nunca ha sido el favorito. Y ya lo ha ganado todo. Solo McLaren puede perder el Mundial. En ellos recae toda la presión.



