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» » Betis 3 - Barcelona 5 / El Tiburón de La Cartuja

Tres goles de Ferran en media hora arreglan un partido que el Barcelona empezó perdiendo. De la goleada escandalosa se pasó a los apuros por culpa de los despistes defensivos.

Santi Giménez
As
Un monumental Ferran Torres reinó en Sevilla. El tiburón nadó a sus anchas en el Guadalquivir para conjurar con tres goles el gol inicial del Betis (y las melonadas de Koundé y Cubarsí, que estuvieron horribles otra vez) y acabar ganando por 3-5 un partido que mete más presión al Real Madrid. El Barcelona supera con goles todas sus carencias defensivas, aunque juegue con la segunda unidad.

Hansi Flick había dicho en la previa que su objetivo era que su equipo siguiera jugando como una unidad, y en las unidades, las individualidades no están por delante del grupo. Y para ejemplo práctico, el equipo inicial que dispuso el alemán en La Cartuja donde prescindió de De Jong, de Lewandowski y de Raphinha, éste afectado de una sobrecarga. La solución fue la de dar la oportunidad a Roony para que formara línea de ataque con Rashford y Ferran. Quedaba ver dónde iba a situarse Lamine Yamal, que tanto podía jugar por la derecha como por detrás del punta alternándose con el sueco.

En el Betis, Pellegrini recuperó como titular a Antony dejando a Lo Celso en el banquillo y alineando al equipo esperado a excepción de Isco, lesionado.

El Tiburón de La Cartuja
Los jugadores del Barça celebran uno de los cinco goles.Marcelo del Pozo

De entrada, el plan pareció salir mejor al técnico bético. El equipo local aprovechó el enésimo falló en cadena de la defensa del Barça para adelantarse en el marcador en lo que se podría denominar la jugada longaniza, que consiste, como en el embutido en liarla al principio y liarla al final para hacer un compacto embutido. El encargado de hacer la longaniza fue Koundé, que falló en el inició de la jugada y que fue quien al final habilitó, descartando cualquier opción de fuera de juego, el remate de Antony.

El Barça empezaba perdiendo. En principio, buena noticia para el Betis y mala para el Barcelona, pero de un tiempo a esta parte, el equipo de Flick parece que sólo se activa cuando va por detrás en el marcador. Y eso es lo que pasó gracias a los elementos que Flick había elegido como miembros de su unidad.

Cinco minutos después del gol bético, Lamine Yamal, que estuvo sublime e la posición de mediapunta creando juego, combinó con Koundé que asistió a Ferran para que empatara el partido. Dos minutos después, el ‘tiburón del Guadalquivir’ remató acrobáticamente un gran centro de Roony para poner al Barça en ventaja.

Con el Betis descolocado, apareció Pedri para asistir a Roony que marcó un golazo de bandera que ya parecía poner el partido muy de cara a un Barça que ya iba viento en popa y que marcó el cuarto mediante Ferran, que en 30 minutos ya tenía su segundo hat-trick ante el Betis. El último, fue hace un año.

A favor del Betis hay que decir que ni con el 1-4 a falta de cinco minutos para el final del primer tiempo entregaron los verdiblancos la cuchara.

El Tiburón de La Cartuja
El jugador del Betis, Cucho Hernández, celebra el 3-5 al Barcelona. CRISTINA QUICLER

Hasta cuatro ocasiones tuvo el Betis para poder entrar en el partido con ocasiones de Ruibal y Abde. El primer tiempo acabó con un Betis volcado y la segunda empezó con el Barça jugando con Christensen por un dolorido Balde.

El Barça esperó al valiente -y algo descerebrado Betis- para pillarles a la contra y el gol llegó en un penalti de Bartra, que tuvo una tarde espantosa, en el que bloqueó un balón después de que le diera la pelota en el muslo. Mano muy elevada y Lamine Yamal convirtió la pena máxima para marcar el 1-5. Partido resuelto. O al menos se lo parecía a los espectadores y al propio Flick que empezó a dar descanso a los jugadores, que también se lo creyeron.

Rashford falló el 1-6 de manera increíble antes de que el empuje del Betis tuviera su premio ante la incompetencia de Koundé y de Cubarsí, que fueron un agujero atrás que permitió al Betis marcar dos goles en los últimos seis minutos para apretar el marcador y poner el susto en el cuerpo a un equipo que vivía de los mordiscos que dio el tiburón de La Cartuja.

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